Tomar la ciudad, mandar obedeciendo (y desobedeciendo)

PROPUESTA DE DOCUMENTO PARA EL GRUPO DE MOVIMIENTO (versión 3.0)

En demasiadas ocasiones el imaginario del asalto institucional se ha confundido con la pura toma del poder. Lejos de esta imagen, cualquier movimiento municipalista que quiera tener presencia institucional debe considerar su papel en el sentido contrario. El movimiento municipalista se debe entender como una manera para quitarle poder a las instituciones y devolvérselo a los movimientos.

Entendemos por movimientos tanto aquellos actores organizados, ya conectados a redes políticas y de reivindicación, como todos aquellos y aquellas ciudadanas que no están organizados en ese sentido y que se conectan a través de otros muchos niveles de participación u organización puntuales. 

Tomar la ciudad, mandar obedeciendo (y desobedeciendo)

Para nosotros y nosotras tomar las instituciones, llegar a tener presencia en ellas, incluso mayoritaria, no tiene sentido si esa presencia, si ese asalto no está acompañado por la idea de tomar la ciudad. Nos referimos a la posibilidad de articular democráticamente mecanismos concretos de toma de decisión que obtengan una traslación efectiva en los órganos de gobierno. Tomar la ciudad significa que la ciudadanía organizada y no organizada pueda dar cumplimiento a la idea de que los y las representantes políticos han de mandar obedeciendo.

Debemos entender la obediencia como la cadena de responsabilidades a la que debe verse atado cualquier mandatario o mandataria. Con ello queremos recalcar que las instituciones deben responder ante el poder ciudadano y eso significa que se afrontarán -en caso de lograrse un cambio institucional profundo- procesos de desobediencia institucional cuando normativas, intereses y jerarquías de poder entren en colisión con el mandato democratizador de los movimientos.

Hacia una nueva arquitectura institucional

Semejante mandato sólo podrá cumplirse si desde las instituciones se es capaz de comprender los diversos niveles de organización política, las redes, las formas de expresión y agregación que se articulan en nuestras ciudades. Se trata de pensar un sistema institucional que toma una forma más cercana y extensa, mucho más permeable y flexible de lo que hemos conocido hasta ahora. Nos referimos a un proceso de descentralización institucional (metropolitano, distrital, barrial) capaz de construir sistemas de participación y toma de decisiones en ámbitos analógicos y digitales que lleguen al conjunto de la ciudadanía.

No obstante, la descentralización no es el único mecanismo que debe inspirar este cambio de modelo. De nada serviría la descentralización de lo existente si a la vez no se construye una nueva arquitectura institucional con capacidad para elaborar y desarrollar propuestas políticas. Para ello se deberían crear nuevas instituciones democráticas que sin estar obligatoriamente dentro de las instituciones públicas tengan al menos un doble poder. El primero sería la capacidad de elevar en forma de mandato propuestas políticas y el segundo la capacidad de autogestionar parcelas de la vida pública (Mesas y oficinas de participación, Juntas de buen gobierno, asambleas ciudadanas serían algunas ideas útiles).

Estas nuevas instituciones ciudadanas a caballo entre el conjunto de la ciudadanía y las instituciones públicas se deberían mover en dos planos. Por un lado deben organizarse territorialmente y, por otro, entremezclarse con sistemas de deliberación y toma de decisiones sectoriales (vivienda, precariedad, urbanismo…) que permitan generar políticas concretas en forma de compromisos, “cartas” o “contratos” para el desarrollo y cumplimiento en las distintas políticas públicas, siendo también su función la de auditar y hacer seguimiento del cumplimiento de estos acuerdos marcados.

Otro de los objetivos de esta nueva arquitectura institucional debe ser el de diseñar mecanismos de empoderamiento ciudadano, creando espacios de legitimidad entre la ciudadanía y las instituciones públicas que tengan en cuenta en su diseño unas relaciones que siempre están plagadas de asimetrías y tensiones.

Consideramos necesario que estas formas de relación entre movimientos organizados, ciudadanía e instituciones se construyan respetando tanto la autonomía de los diferentes actores sociales como los mecanismos de autogestión y autogobierno que marque la ciudadanía. Esto quiere decir que se debe estar vigilantes y ser especialmente cuidadosos/as para huir de mecanismos de subcontratación y clientelismo. El criterio de reparto y distribución del poder y la gestión deben primar como forma de relación democrática y transparente en sistemas descentralizados y donde tengan cabida y participen diversas formas institucionales públicas y ciudadanas.

Hacia un movimiento municipalista

La efectividad de este sistema de construcción institucional en un plano microsocial sólo puede tener éxito si se abre un proceso de mapeo, consulta y organización que permita identificar con la mayor precisión posible cuales son los actores y movimientos que quieren implicarse en el proceso. Aunque esta cartografía sería insuficiente si no se tomasen en consideración sistemas de extensión y encuentro con la mayor parte de la ciudadanía. El valor de la inclusividad deberá ser la piedra angular para que este trabajo sea realmente diverso, de todos y de todas.

Debemos ser conscientes de la complejidad de este mapeo, pues su función no sería sólo la de lograr un conocimiento certero de la realidad social de una territorio, sino que su objetivo sería el de testar como se pueden construir múltiples formas de conexión entre la ciudadanía y las instituciones. Mecanismos de toma de decisión, auditoría y fiscalización de las políticas públicas en forma de mandato.

Podemos decir que el sistema de participación tomaría, desde ese momento, la forma de un contrato que cualquier cargo político debería firmar antes de ocupar puestos de responsabilidad. Todo cargo político tendría que comprometerse con un sistema ético que en forma de carta de responsabilidades detallase tanto los compromisos adquiridos como las consecuencias que tendrían su incumplimiento.

Para construir este proceso de extensión-organización municipal se hace necesario imaginar cuales son las características del modelo de extensión que defendemos. Partimos de la base de que ya son muchas las estructuras de movimientos que existen y que éstas son diversas y ricas. Por eso la construcción y expansión de un movimiento municipalista que asumiese los rasgos que hemos ido definiendo se debería articular en torno a lo siguientes principios:

Principio de No Suplantación: No poner en marcha ninguna iniciativa que ya estén desarrollando otros/as en el territorio. Cooperar con estos otros/as.

Principio de confluencia: No pretender generar una nueva estructura, sino favorecer la coordinación de lo existente y el trabajo conjunto.

Principio de Promoción: Favorecer el desarrollo de herramientas y espacios de cooperación en el territorio en aquellos lugares dónde no existan.

Principio de Sostenibilidad: Pensar los mecanismos de participación de tal manera que sean sostenibles no solo para personas activistas, sino para la ciudadanía en general.

Principio de inclusividad: Que las iniciativas que se lancen busquen siempre la ciudadanía en general y su participación y no solo la composición interna de movimiento.

Princicipio de Co-Organización: No entender la ciudadanía como un espacio de consulta o de validación sino favorecer las herramientas para que, quién lo desee, pueda organizarse, participar y tomar decisiones que sean vinculantes.

Ganemos Madrid debe ser un espacio de confluencia y encuentro, donde prefigurar sistemas de relación democrática, inclusiva y transparente entre ciudadanía, movimientos organizados e instituciones públicas.